La vida del adicto se encuentra supeditada al consumo, pudiendo ser éste de diversa índole: drogas, alcohol, sexo, compras, juego, tecnologías, internet, etc. Aunque la base es la misma: un patrón de pensamientos, emociones y conductas que llevan a la persona al consumo de un estímulo determinado, ya que de no hacerlo experimentará un gran malestar tanto físico como psicológico.

De manera progresiva se hace patente el descontrol y se experimentan sentimientos de culpabilidad y desesperanza. Conviene señalar el importante papel que juega el contexto que vive la persona tanto a la hora de desarrollar la adicción como en la recuperación de la misma.

Podemos afirmar que del mismo modo en que el cerebro del adicto crea unas conexiones neuronales que le llevan al consumo, tiene el poder de modificarlas y crear un nuevo patrón orientado hacia hábitos más saludables. El tratamiento psicológico en adicciones va encaminado en esta dirección.

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